La política mal ejecutada en un municipio

by on February 29, 2016

La mala política tiene un enlace la mirada baja y corta. Es conformista con las portadas, nunca profundiza. Ir al fondo de la disputa le espanta. La buena pone todas sus fichas en completar acuerdos de estado. La mala coloca las suyas en avivar la discordia.

Se confirma esta diametral desigualdad si se indaga el asunto de la ayuda social. Un auxilio temporario establecido y ordenado por la piedad más fundamental que le debemos a los desamparados, deviene en una mala política que los derrumba y derriba casi irreversiblemente. Es fielmente una prueba de la perversidad de la mala política. En nombre de la seguridad de los humildes los termina humillando sin remedio.

En el tema del modo de vida, con comparación sistémica, con dispersión incansable del rencor, es materialmente inalcanzable el entendimiento y el respeto democráticos. Adicionalmente, con la propaganda caudalosa, a los habitantes se los trata como cosas y no como personas. La propaganda no promueve pensamiento, examen, análisis. Es simplemente impulsiva. Por eso la buena política anhela a menos publicidad, en cambio, que la buena política a más debates de propuestas.

Procedentemente de la votación la mala política se dispone acumulando mercaderías no ideas, alimentos y artefactos hogareños para viviendas que enojan por su precariedad y para vecindades abandonadas durante todo el tiempo.

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